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El Futuro del Manejo Integrado de Plagas
Gerrit Cuperus,
Richard Berberet,
y
Phillip Kenkel
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Fotografía: Abeja melífera – La preservación
de las abejas melíferas y de otros insectos benéficos es un aspecto
importante de los programas de MIP. |
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Fotografía: Campo de sorgo – Los programas de
MIP son implementados como componentes importantes de los sistemas de
producción de plantas para mejorar la rentabilidad y la seguridad del medio
ambiente. |
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Fotografía: Un entomólogo cuenta insectos
atrapados en una red de barrido durante la revisión de los campos. El monitoreo
de las poblaciones de plagas y de especies benéficas es crítico para un MIP
efectivo. |
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Fotografía: Un principio básico del MIP hace
énfasis en la protección de la tierra, el agua y las especies silvestres. |
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Al discutir el futuro del Manejo Integrado de Plagas nuestra opinión es que éste enfoque estratégico de la regulación de las plagas es un estrecho aliado de los futuros sistemas dedicados a la producción y distribución de productos de plantas y animales bien sea en lugares rurales o urbanos. Como enfoque sostenible que combina herramientas biológicas, culturales, físicas y químicas para regular las poblaciones de plagas a la vez que hace mínimos los riesgos económicos, del medio ambiente y para la salud de los humanos, el MIP combina aspectos esenciales de eficacia y seguridad para cumplir con las expectativas de quienes producen y mercadean los productos y del público en general. El enfoque tradicional de quienes están involucrados con la obtención de productos ha resultado en la inversión de enormes recursos en agricultura para la investigación, esfuerzos de educación y aplicaciones del MIP en las fincas. Sin embargo, cada vez se vuelve más aparente que los principios del MIP son útiles virtualmente en cualquier situación en la cual algunas especies han recibido el apelativo de plagas. Por ejemplo, en invernaderos y viveros para producción de ornamentales depender solo de los pesticidas químicos o limitar los problemas de insectos y enfermedades está dando paso al MIP. En sistemas de almacenamiento, procesamiento y distribución de granos cereales, la dependencia unilateral de productos químicos para el manejo de una variedad de plagas (insectos, roedores y microorganismos) está evolucionando hacia enfoques integrados con mayor énfasis en la sanidad y aireación de granos almacenados, y aún planes de almacenamiento para reducir las infestaciones una vez que los productos empacados han llegado a los anaqueles de los mercados (Cuperus y Platt 1996, Kenkel et al. 1994).
Reconocemos que la visión
que estamos describiendo para el MIP como un aspecto esencial de todos los
sistemas de producción y distribución de productos animales y vegetales implica
de quienes están trabajando con estos productos una mayor conciencia y mayor
aceptación de la que existe actualmente. Ciertamente, la educación de quienes
trabajan en sistemas de producción y distribución en relación con las
alternativas a los pesticidas debe ser prioritaria. Se deben enfatizar los
programas de control integrado con el uso de medidas culturales, resistencia
del hospedero, y agentes biológicos, junto con atención al proceso de toma de
decisiones para la aplicación de pesticidas. Y sin embargo, la
aceptación y el conocimiento no pueden terminar con quienes están empleados en
estos sistemas, sino que debe extenderse a los consumidores. Debemos
esforzarnos por que haya una comprensión general del MIP como mecanismo para
reglamentaciones efectivas de especies plagas con énfasis en la seguridad de la
población humana y del medio ambiente en el cual vivimos. Proponemos que la
conciencia pública del MIP se extienda al uso moderado de pesticidas y a la
consideración de controles alternativos en el hogar y sitos habitados de
centros urbanos. La comprensión por parte del público se debe llevar más allá
de vagas dudas sobre la seguridad de los alimentos, para incluir una
apreciación del potencial que tienen las plagas para limitar nuestro suministro
de alimentos, lo mismo que conocimiento sobre las decisiones que se deben tomar
para el empleo apropiado de las técnicas de manejo de plagas. Nuestro argumento
básico de que el futuro del MIP está estrechamente relacionado con los sistemas
de producción animal y vegetal debe ser apreciado por el público en general. El
público debe ver el desarrollo y la implementación del MIP como una inversión
sensata de recursos. Aunque hay abundante
evidencia científica para apoyar nuestra premisa básica de un papel esencial
para el MIP, creemos que las consideraciones más críticas que recomiendan su
adopción, al menos al corto plazo, son de naturaleza sociológica y demográfica.
En los EEUU el número de fincas se ha reducido como en 25% solo en los últimos
20 años, y las que quedan son propiedades más grandes, de modo que como el 15%
de las fincas ahora producen como el 85% de todos los alimentos y las fibras
(<biblio>). Con menos del 2% de la población de los EEUU directamente
involucrada en agricultura comercial, se deben enfrentar enormes retos en
educación y comunicaciones para construir un consenso público sobre la
importancia del MIP para sostener un suministro completo de alimentos
abundantes y mantener un medio ambiente seguro para los humanos y otras
especies. Si el apoyo fuerte para el MIP solo existe en la producción agrícola,
el interés público y la voluntad política para suministrar los recursos
necesarios para el desarrollo futuro no existirán. Esto es señalado claramente
por el hecho de que los programas de investigación y extensión del sistema de
universidades estatales de los EEUU continúan reduciéndose en tamaño a medida
que las fuentes de financiamiento disminuyen. A menos que se enfatice la
relevancia y el servicio a una población principalmente urbana, parece seguro
que esta tendencia continuará.
En
una tendencia que a menudo se considera ha ganado ímpetu con publicaciones
tales como "La Primavera
Silenciosa" (Carson 1962) y "Una Sola Tierra" (Ward y Dubos
1972), continúan aumentando las preocupaciones por la seguridad de los
alimentos, la contaminación ambiental, las especies en peligro, y la seguridad
de los trabajadores agrícolas. Sachs et al. (1987) reportó un aumento dramático
en las preocupaciones de los consumidores en un período de 25 años en relación
con las prácticas de producción agrícola. La confianza limitada en aquellos que
producen los alimentos y en quienes tienen el papel de hacer cumplir las
reglamentaciones para asegurar la seguridad de los alimentos parece derivarse
de varios factores incluyendo falta de comprensión de los sistemas agrícolas,
poco conocimiento del manejo de plagas o de los pesticidas, y el temor al
cáncer. La salud y el bienestar tienen un valor muy alto para la sociedad de
hoy, lo que resulta en demanda de suministro de alimentos que sean seguros y
completos, y que sean producidos sin causar daño al medio ambiente y que no
representen peligro para quienes trabajan en agricultura (Tablas 1 y 2). Aunque
el público en general parece creer que el uso de pesticidas constituye el
peligro más crítico en el suministro de alimentos (Cuperus et al. 1991,
Pomerantz 1995), muchos científicos consideran la contaminación por
microorganismos como un peligro mucho más grande. Hay una necesidad crítica de
mejorar la comprensión de los peligros que representan las bacterias y hongos
contaminantes de los alimentos y el papel del MIP para reducir esos riesgos.
Como puede esperarse, las
preocupaciones del público en general han resultado en reglamentaciones cada
vez más estrictas de los pesticidas con la última acción del Congreso de los EEUU
que aprobó la Ley de Protección de los Alimentos, de 1996. Lo previsto en esta
ley refleja una respuesta clara de los legisladores a los peligros percibidos
por los consumidores y un intento completo por enfocar los peligros percibidos
como asociados con el uso de pesticidas:
La Ley de Protección de los
Alimentos requerirá una extensa educación de quienes trabajan en los sistemas
de producción, procesamiento y distribución de alimentos, en relación con el
uso de pesticidas. Nuevas estipulaciones en relación con las tolerancias de
residuos de pesticidas en productos alimenticios necesitarán planeación a todo
lo largo del sistema para evaluar el potencial de exposición acumulativa en
humanos de los residuos de ciertas clases de pesticidas usados en una variedad
de productos alimenticios. Esto es justamente el tipo de enfoque completo que
permitirá a quienes practican el MIP relacionar componentes claves de la
seguridad de los alimentos con planes de manejo de las poblaciones de plagas a
medida que se producen los alimentos y el ganado, que son procesados, y que los
productos son distribuidos a los consumidores. Por la manera como se
mercadean, los productos alimenticios típicamente no han sido integrados en los
sistemas de apoyo para la toma de decisiones de MIP. El hecho de que el valor
de los productos pueda fluctuar en 50-100% dependiendo de la calidad de los
productos, la detección de los residuos de pesticidas, y la disponibilidad oportuna
para enfrentar la demanda deben ser considerados como decisiones relacionadas
con el manejo de plagas. Por ejemplo, las demandas del mercado y el valor de
frutas y hortalizas frescas han reflejado las preocupaciones de los
consumidores como lo indican las ventas crecientes de productos cultivados de
manera orgánica y que son etiquetados como producidos bajo sistemas de MIP
(nordeste de los EEUU). Es importante que quienes practican el MIP comprendan
las tendencias del mercado y diseñen programas de manejo de plagas que aseguren
la calidad, reduzcan los residuos de pesticidas al mínimo, y preserven la
identidad de los productos en cuanto al lugar y la historia de producción. Los
siguientes son factores que influyen en la mercabilidad de productos alimenticios:
Otra área de preocupación
en relación con el uso continuado de pesticidas químicos es el problema
creciente de contaminación de los suministros de agua superficial y profunda.
Como ejemplo de la magnitud de este problema en algunas regiones, Christensen y
Rea (1993) reportaron la presencia de residuos de pesticidas en agua de más de
40% de los pozos profundos privados en el área de Oklahoma City. Con la enorme
dependencia del agua profunda para suministro de agua para uso doméstico
(20.000 pozos solo en el área de Oklahoma City) estos residuos definitivamente
son causa de preocupación. Es importante notar que muchos casos de
contaminación del agua resultan no del uso agrícola de pesticidas, sino del uso
por poblaciones urbanas. Una encuesta nacional reciente confirmó la presencia
de residuos de diazinon en 7.230 de 23.227 muestras de aguas negras liberadas
por municipalidades al abastecimiento de agua superficial (Norber-King et al.
1989). Estos residuos resultaron del uso y eliminación de residuos de usuarios
urbanos de este pesticida. La contaminación del agua es solo uno de los
impactos que Higley y Wintersteen (1992) consideraron al hacer una evaluación
del costo medioambiental como parte de los niveles de daño económico para el
proceso de toma de decisiones en relación con las aplicaciones de pesticidas.
Aunque su propuesta estaba relacionada principalmente con aplicaciones en
agricultura, los hallazgos recién discutidos indican que el mismo racionamiento
se debe aplicar a las situaciones urbanas. Kovach et al. (1992) sugirieron la
formulación de un índice de uso de pesticidas aplicable a la toma de decisiones
el cual consideraría los peligros a la salud humana y los impactos al medio
ambiente como mecanismos mediante los cuales los usuarios puedan ser evaluados
en cuanto a los costos medioambientales que resultan de su uso de pesticidas.
Si estos costos son evaluados al vender los productos, los residentes urbanos y
los agrícolas compartirían la carga de rectificar los problemas que resultan
del uso de estos compuestos. Las consideraciones
económicas a menudo tienen la posición más importante entre los factores que
influyen en las decisiones relacionadas con el manejo de plagas. Estas
consideraciones han sido básicas en el MIP desde su comienzo en las primeras
definiciones del umbral económico y el nivel de daño económico
(Stern et al. 1959). Estos parámetros no solo han servido como criterios para
las decisiones relacionadas con el uso de pesticidas químicos en muchos
sistemas de producción animal y vegetal, sino que también han ayudado a definir
el objetivo de un manejo de plagas efectivo. En lugar de insistir en una
completa erradicación de las plagas, entre las personas que practican el MIP se
está desarrollando una comprensión de cómo mantener las poblaciones de plagas
por debajo de un nivel de daño económico mediante el uso de todos los métodos
de control disponibles, realmente es un control exitoso. Sin embargo, aún
permanece cierta percepción de que usar los umbrales económicos como criterios
para las decisiones aumenta el riesgo de las pérdidas económicas. El riesgo
percibido está en que los planes de muestreo y los criterios de decisión son
inadecuados, con el resultado de que es posible que las aplicaciones de
plaguicidas no se hagan cuando son necesarias. Esta percepción a menudo es
citada como uno de los principales factores limitantes que impiden la adopción
del MIP (Cuperus y Berberet 1994). Aunque se ha progresado al
definir umbrales económicos y niveles de daño económico simples, especialmente
para insectos plagas claves, aún se necesita mucha investigación para el
desarrollo de umbrales completos para insectos plagas, patógenos y malezas.
También, se ha logrado relativamente poco en términos de integrar las
consideraciones económicas en relación con las actividades del manejo en
análisis completos costo/beneficio en las actividades de manejo para empresas
agrícolas. Los criterios de toma de decisiones para las actividades de control
de plagas en condiciones diferentes a la producción agrícola apenas si han sido
considerados en los esfuerzos de investigación y extensión. Aunque es claro que
los criterios aplicables a condiciones urbanas no deben ser los mismos que se
aplican en agricultura, aún será necesario hacer juicios sobre el valor en
cuanto a la necesidad de mediadas tales como los pesticidas. Es de vital
importancia que estas consideraciones sean presentadas a la gente que vive en
situaciones urbanas de modo que ellas tengan la oportunidad de tomar decisiones
bien informadas en relación con los productos químicos introducidos en su
ambiente y desarrollar una apreciación de cómo se deben tomar las decisiones en
agricultura. Hemos descrito una variedad
de factores que parecen haber "forzado el tema" en relación con la implementación
de los enfoques integrados de manejo de plagas en la producción de artículos
agrícolas. Sin embargo, no es nuestra intención implicar que el desarrollo y la
adopción de las estrategias del MIP solo han ocurrido como respuesta a las
presiones sociales y económicas. En realidad, los científicos del Departamento
de Agricultura de los EEUU y de las universidades del sistema universitario de
tierras donadas por el Estado han dedicado una gran cantidad de los esfuerzos
de investigación y extensión al MIP debido a la fuerte convicción de que los
enfoques integrados son esenciales para la regulación de especies plagas a
largo plazo. También, desde el comienzo del MIP un tema central ha sido el
balance entre las consideraciones sociales, medioambientales y económicas. Este
tema es consistente con las expectativas de todo el sistema de producción
agrícola. Hasta dónde se puede mantener el balance entre estas consideraciones
depende en gran parte de la comprensión y aceptación de los métodos del MIP por
el público y el grado hasta el cual sean
implementados los principios del MIP tanto en condiciones rurales como urbanas. En los últimos 20 a 30
años, los científicos de las universidades estatales de tierras donadas y
grupos dentro del USDA tales como el Servicio de Investigación Agrícola
(Agricultural Research Service o ARS) y el Servicio de Investigación Económica
(Economic Research Service o ERS) han desarrollado extensa investigación para
desarrollar programas de control integrado que tengan una menor dependencia en
pesticidas químicos y para reestructurar los procesos mediante los cuales se
toman las decisiones en relación con las aplicaciones de pesticidas. El centro
de este proceso de reestructuración ha sido reemplazar los tratamientos
profilácticos por evaluaciones cuidadosas de las pérdidas potenciales por causa
de las plagas y el desarrollo de umbrales económicos para guiar las decisiones
en relación con las aplicaciones de pesticidas. De este trabajo han salido los
procedimientos de plagueo (contar plagas) y los criterios de toma de decisiones
para controlar muchas plagas claves de cultivos y ganado. Estas agencias
públicas no solo tienen el papel principal de investigar las estrategias de
MIP, sino que en una época fueron los principales proponentes y realizadores de
estos enfoques. Aunque las empresas privadas al comienzo tuvieron poca
participación en el desarrollo y puesta en marcha, en el futuro la empresa
privada estará cada vez más involucrada, particularmente en relación con la
adopción del MIP. Es importante que se establezcan y mantengan alianzas
efectivas entre las agencias públicas y las empresas privadas. También es
importante que los agricultores, la gente de los viveros y otros que usan MIP
en sus negocios sean parte de los equipos de implementación. A los científicos en
entidades estatales se están uniendo los del sector privado para un papel
importante en la expansión de la base de investigación para mejorar los
programas de MIP y promover la coordinación esencial entre disciplinas tales como
Agronomía, Entomología, Horticultura, Fitopatología y Economía. Los beneficios de esta
cooperación incluyen:
El alcance de la
implementación del MIP continuará
cambiando mucho en el futuro. Lo que comenzó como enfoques limitados para
promover integración de los métodos de control de plagas claves y dar guías
para las decisiones en relación con las aplicaciones de pesticidas está
evolucionando a un enfoque sistemático basado en ecología (Cate y Hinckle
1994). Donde antes hubo una cooperación limitada entre disciplinas, ahora hay
equipos compuestos por científicos de varias disciplinas que trabajan con
consultores y productores para incorporar un manejo de plagas efectivo en los
sistemas de producción. La complejidad de estos sistemas requiere una experiencia
de base amplia para enfocar asuntos tales como las recomendaciones del momento
y la eficacia del control de plagas; el manejo del creciente problema de la
resistencia a pesticidas; enfocar el tema de la seguridad de los trabajadores;
evitar la contaminación de los suelos y el agua por los agroquímicos; y
asegurar que los alimentos no contengan residuos dañinos de pesticidas. Aunque
en el futuro cercano se deberán manejar estos temas, es importante asegurar una
efectiva transición de los programas de control de plagas con una gran
dependencia en los pesticidas químicos con los de MIP que son intensos en
aspectos biológicos y están basados en ecología. Un reporte reciente de la
Unión de Consumidores dice que cada vez se está haciendo más evidente que la
forma como controlamos los problemas de plagas está en una encrucijada con la
necesidad de reducir la dependencia de los enfoques químicos (Benbrook et al.
1996). Se debe adoptar una estrategia de organización para aumentar la
aceptación de los enfoques integrados mediante; 1) suministro de educación de
gran alcance que involucre esfuerzos coordinados de especialistas de extensión,
representantes de la industria y asesores privados, y 2) hacer énfasis en una
coordinación regional y nacional para la preparación y diseminación de
materiales educativos.
Quienes
desarrollan e implementan la tecnología de MIP deben se proactivos en el diseño
de sistemas de entrega de la información. Este reto tiene varios aspectos
incluyendo comunicación efectiva de la información de la investigación a los
especialistas de extensión para promover la formulación y entrega de los
programas integrados; dar asesoría oportuna a las personas que trabajan en MIP
sobre la situación de las poblaciones de plagas, lo cual es esencial para la
adopción de programas basados en ecología; y retroalimentación para los
científicos de parte de quienes practican el MIP en cuanto a la efectividad de
los programas. También, el flujo tradicional de información del investigador
hacia el especialista en extensión, hacia quienes practican el MIP que incluya
a los asesores agrícolas y hacia representantes de los negocios agrícolas. Las
tendencias actuales indican que el servicio cooperativo de extensión se está
volviendo una fuente secundaria de información, especialmente en lo relacionado
con la asesoría para los tratamientos, papel que es asumido cada vez más por el
sector privado (Cuperus y Berberet 1994) (Tablas 3 y 4).
Lo que sigue es evidencia
adicional de las tendencias a que quienes cultivan productos agrícolas reciban la
información del sector privado:
Aunque el reto de la
transferencia de la información a quienes realizan el MIP en agricultura es
grande, el reto de comunicarse con la población urbana es aún mayor. Hemos
expresado la opinión de que quienes viven en centros urbanos deben ser
comprometidos de una manera activa en toma de decisiones bien informada para
mantener la calidad de su medio ambiente, y del mismo modo, que tengan una
comprensión de los aspectos que aseguran el suministro abundante y seguro de
alimentos y fibras que vendrán en el futuro de los sistemas de producción
agrícola. Los sistemas de comunicación tales como los medios masivos e Internet
deben ser empleados para llegar al gran número de gente que reside en áreas
urbanas (Thompson y Kelvin 1996). Modestos programas que comenzaron en escuelas
para promover la conciencia medioambiental pueden ser expandidos en un sentido
más global para enseñar a los jóvenes cómo preservar la calidad del medio
ambiente urbano en el cual viven. Las reuniones de productores, los días de
campo y las hojas informativas que han sido la principal forma del trabajo de
extensión agrícola nunca alcanzarán el volumen de gente necesario para llegar a
la mayoría en pueblos y ciudades en un nivel educacional. Falta mucho trabajo
para preparar la estructura organizacional y reclutar el personal necesario
para este esfuerzo educacional. En resumen, creemos que los
principios del MIP son esenciales para la sostenibilidad de los sistemas de
producción agrícola. La implementación de programas de MIP es esencial para la
producción rentable de un suministro sano y abundante de alimentos a la vez que
se reducen al mínimo los peligros de la contaminación del medio ambiente que
podrían poner en peligro ecosistemas completos. Para hacer la transición de un
manejo de plagas basado en productos químicos a uno con base en estrategias ecológicas
de manejo, los sistemas de producción y procesamiento deben desarrollar de
manera agresiva los recursos humanos y de información necesarios. Solo mediante
la mejora de los recursos de investigación y educación se podrán garantizar la
seguridad y rentabilidad de la producción y el procesamiento de alimentos y fibras.
Existe una oportunidad única para que el MIP traiga mayor beneficio tanto a los
medios ambientes agrícolas como a los urbanos.
Referencias
Citadas
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